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Malasaña
Hemos de situarnos en el Madrid del año 1808, que entonces contaba con bastantes menos habitantes que ahora.
En 1787 se había procedido a hacer el primer censo oficial de la ciudad de Madrid: 156.672 habitantes.
Un poco antes de los hechos a los que vamos a hacer mención, el 27 de octubre de 1807, Carlos IV y Napoleón habían firmado el tratado de Fontainebleau, por el que se permitía el paso de tropas francesas por territorio español para unirse a tropas españolas e invadir Portugal, ya que este país se había negado a acatar la orden de bloqueo internacional contra Inglaterra.
Por ,lo que, seguidamente, las tropas francesas cruzaron la línea fronteriza y se fueron extendiendo por territorio español, asentándose, ante el asombro y curiosidad de los españoles, que poco sabían de lo que se trataba.
Y situados ya en la mañana del dos de mayo de 1808, muchos ociosos contemplaban el ir y venir de sirvientes de Palacio y soldados varios.
Y en eso que vieron cómo los soldados franceses sacaban de palacio a los integrantes de la familia real.
Al ver forcejear al infante Francisco de Paula, que se resistía, la multitud se lanzó al asalto de las carrozas tratando de ayudar al infante, mientras algunos gritaban:
n ¡Que se los llevan!.
Y los soldados franceses, poco acertados, dispararon contra el gentío para dispersarlos.
Con el ruido y el pasarse la noticia boca a boca, pronto casi todo Madrid conoció que algo estaba ocurriendo con los franceses y que éstos estaban masacrando madrileños.
Y muchos, por curiosidad, por alboroto, por venganza o por patriotismo, se fueron agregando al tumulto.
Mientras, viendo que la cosa se estaba complicando, los franceses ordenaron salir a la calle a las tropas de mamelucos, que estaban acuartelados en Carabanchel, y que habían llegado un poco antes, en marzo del mismo año.
Descendientes de esclavos blancos turcos, la tropa mameluca estaba bien armada: trabuco, cimitarra, dos pistolas al cinto junto a un puñal, y una maza de armas o un hacha, que llevaban colgando del arzón de la silla de montar.
El resultado del día parece ser que fue de 409 muertos identificados y 170 heridos en los enfrentamientos.
Y entre las víctimas, consta en la relación de víctimas que se conserva en los archivos militar y municipal de Madrid, Manuela Malasaña, joven costurera de quince años.
Por la escasa población de aquél entonces y la forma de vivir, Manuela debía ser muy conocida en su barrio, a lo que ayudaba su juventud, simpatía y ser modistilla.
Vivía en la calle de San Andrés, en pleno Barrio de Maravillas, y su padre trabajaba en una fragua.
Así, en dicho día de 2 de mayo, cuando el pueblo se levantó unánimemente contra las tropas francesas, sin ninguna posibilidad de victoria, armados con lo que buenamente tenían a mano, que poco sería, nació la historia de la joven:
Una dice que Manuela falleció mientras proporcionaba cartuchos a su padre, que defendía las puertas del Parque de Artillería, ayudado por su mujer.
Otra, que la dueña del taller de costura donde trabajaba Manuela no dejó salir a sus ayudantas hasta que cesaron los disparos, al atardecer de aquel lunes, y que camino a casa, la niña fue detenida por soldados franceses que, al intentar violarla sin lograrlo, la fusilaron en plena calle.
Una tercera, que, cuando fue sorprendida por soldados napoleónicos, éstos la registraron y, al encontrarle las tijeras de costura, interpretando que era un arma, la mataron.
La posterior exaltación de los hechos acaecidos ese día, y la juventud de Manuela, han dado origen a la perpetuación de su nombre.
Se celebran fiestas en su nombre, el barrio ahora se llama Malasaña y su retrato se encuentra en la Sala de Heroínas del Museo del Ejército.
Perdió la guerra, como todos, en el desastre del levantamiento. Y la vida.
Lástima, tan joven.
Vía: Sencillo y Fácil |